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Ayer en la Biblioteca de Santiago: “Canciones Menores” cantadas y aplaudidas.

  • 27 jun 2022
  • 3 min de lectura


Muchas gracias a todas las amigas y amigos que se dieron gentilmente la pausa en sus importantes quehaceres de mediodía y nos acompañaron en el lanzamiento de Canciones Menores cumpliendo con su promesa de los “me gusta” en Redes Sociales: valientes que entran a las Bibliotecas un día cualquiera, interesados, voluntariosos y agradecidos.


Cada uno se llevó un disco a casa para repasar versos del antepasado de nuestra poesía, los que hoy que se han convertido cariñosamente en canciones. Esto felizmente hará que la llamita por hacer que nuestro acervo cultural se enriquezca se mantenga fogosa: ¿Quién sabe si tan solo un niño de los que ayer disfrutaron de este lanzamiento se interese por la poesía o la música mañana? Eso es infinitamente impagable, pues de ocurrir (que será lo más probable), será un indicador inequívoco y esperanzador de que alguna vez seremos una sociedad más culta, informada y consiente.


Esta actividad no hubiese sido lo mismo sin el incondicional y desinteresado apoyo de mis ex compañeros de Civilbanda: Alejandro Arredondo en bajo eléctrico y Cristian Correa en cajón peruano y percusión, quienes aplicaron su experiencia y talento a favor de estas canciones, ¿qué mejor guirnalda para estos poemas viejos y olvidados que la impecable ejecución de mis colegas?


Sumaron y enriquecieron este lanzamiento, profesionales que apoyaron desde su experiencia y conocimiento. Agradecimientos sinceros a Sergio Rodríguez Jefe de Salas Literatura y Colecciones Generales, quien siempre creyó en la propuesta y puso sin condición las dependencias de la Biblioteca a nuestra disposición. A Alexis Román en la producción. Al profesor de Historia Jaime de la Cruz quien contextualizo al Chile de a fines del siglo XIX, años en que el poeta se hizo a sus versos. Al destacado poeta nacional Raúl Hernández quien declamó magistralmente poemas emblemáticos del bardo cureptano; y mi amigo Fabio González quien rescata desde hace muchos años la obra de su coterráneo a través de la reedición de sus libros y de su celebrado e inspirador documental El Primer Maldito (2004). La participación de todos ellos hizo que la actividad tuviera otro vuelo que los asistentes agradecieron.

Justo hace un año, en un esfuerzo personal, había terminado de grabar y mezclar las canciones que son parte del disco. Como tantos otros trabajos que había realizado antes, sospechaba que este quedaría guardado por ahí sin tener la posibilidad de poder ser difundido. Lo que esta vez no ocurrió, pues presenté la propuesta al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes a través de Fondart, la cual tuvo respuesta positiva siendo evaluada con máxima calificación lo que permitió poder materializar este trabajo salvándolo del olvido de un disco duro y así para poder compartirlo con tantos amigos.


Involucrarse en proyectos artísticos no es fácil, implica sacrificios económicos y personales muchas veces guiados por la pasión más que la razón. Una especie de locura, ¿musicalizar a un poeta desconocido del siglo XIX denota cordura? Seguramente por ahí debe haber algún perno suelto que provoca moverse para concretar esta idea descabellada, romántica, ingenua y a pérdida. Pero la vida es sabia y compensa. Porque vivir lo que se vivió ayer en la Biblioteca de Santiago es tan inspirador y revelador que nos hace creer que no estamos tan locos y que vamos por el camino correcto.


Larga vida al poeta Pedro Antonio González, a los poetas, a los creadores…


Marcelo



 
 
 

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