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Un miércoles de octubre en la esquina de José Miguel Carrera con Pedro Antonio González, en Curepto

  • 27 jun 2022
  • 2 min de lectura

En enero de 2015 aterricé en Curepto por primera vez. Llegué hasta ahí con la idea de unir dos lugares fundamentales en el mapa de un poeta que quise redescubrir y que había decidido revivir así como ya lo habían hecho antes otros buscadores-rebuscadores de su vida y obra. Lo haria desde mi oficio: la música. Ya sabía de su vida por lugares capitalinos. Recoleta y alrededores eran calles que yo había recorrido de infancia. Faltaba por conocer los paisajes desde donde el bardo decidió zarpar en dirección a Santiago a fines del siglo XIX. El viaje a "donde corre el viento" (Curepto, en lenguas ancestrales) se hizo urgente. Luego, unidos los puntos, la aventura de rescate a sus versos olvidados fue tomando forma con la materialización de la publicación de Canciones Menores, un disco donde convertí en canciones algunos de sus poemas escritos hace 121 años. El álbum fue lanzado el 29 de julio recién pasado en la Biblioteca de Santiago.




Hoy, después de un poco menos de dos años de mi primer "periplo", en la esquina de José Miguel Carrera con Pedro Antonio González, en pleno centro del pueblo, un bello monolito se ha vuelto a levantar en su lugar original, visible y luminoso. Un símbolo tangible que más que piedras y cemento es signo de respeto y de rescate de luz imprescindible desde los sombríos espacios del olvido. Me siento muy feliz que así sea, me llena de alegría saber que la iniciativa haya surgido de su propia gente. Tambien me contenta haber aportado con un pequeño granito de arena sonoro y energéticamente eflúvico en este justo y necesario pago de cuentas pendientes con la memoria. Los ciclos se cumplen, las pequeñas metas nos hacen pequeños campeones: los poetas olvidados ya no están tan solos, hay nuevas miradas atentas por ellos, hay símbolos levantados para mantener la reminiscencia, hay Canciones...y vendrán otras canciones.


Este, fue un afán romántico cuyo único fin fue prestarnos atención a nosotros mismos a través de la preservación del otro. A todos los que creyeron y se comprometieron, mi eterna gratitud, pues sin su interés y afecto de puertas abiertas esta poesía-música jamás hubiese vibrado eflúvicamente a través del parlante. Se cierra un ciclo trazado hace unos veranos: termina una cosa y comienza otra, misteriosa y desconocida como la vida misma.


En las vueltas del sol venideras nos volveremos a ver de nuevo, Curepto imborrable.


¡Eternidad, poeta!




 
 
 

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